La piscina vacía que inventó un deporte
Cómo una sequía en Los Ángeles, un grupo de chicos de Venice Beach y el instinto de sobrevivir en la calle terminaron redefiniendo la cultura urbana global.
Había agua donde ahora hay historia. En el verano de 1975, Los Ángeles llevaba meses sin llover y miles de piscinas privadas en el área de Dogtown, ese corredor entre Santa Mónica y Venice Beach, estaban vacías, abandonadas, con las paredes de cemento cuarteadas y secas. Para la mayoría de los angelinos era una crisis. Para Jay Adams, Tony Alva, Stacy Peralta y el resto de los Z-Boys era la mejor noticia de sus vidas.
El barrio que inventó el futuro
Dogtown no era glamorosa. Era una franja costera con vocación de marginalidad: surfers desocupados, callejones grises, el olor a sal mezclado con el de la fritanga de los puestos del paseo. En 1973, Jeff Ho, Skip Engblom y Craig Stecyk abrieron Jeff Ho Surfboards and Zephyr Productions en Venice Beach, y de ahí salió el equipo Zephyr, los Z-Boys, doce jóvenes que ya surfeaban las olas bajas del Pacífico con un estilo aerobático que ningún otro equipo de la costa imitaba.
Cuando llegó la sequía, los Z-Boys no esperaron permiso. Saltaban los cercos de las casas privadas, drenaban lo que quedaba en las piletas y empezaban a patinar por las paredes curvas con la misma lógica con la que surfeaban una ola: bajos, rápidos, pegados a la pared, buscando el borde. Ese gesto, repetido miles de veces en patios ajenos, inventó el skateboarding vertical. Antes de ellos, el skate era freestyle plano, maniobras geométricas sobre superficie lisa. Después de ellos, el skate tenía gravedad, altura y riesgo real.
No es una metáfora: la piscina vacía es literalmente el origen técnico de todo el skate que vino después, desde los halfpipes de los 80 hasta los parques de cemento de hoy.
1963, Hollywood, y el primer boom que nadie recuerda
Para entender por qué Los Ángeles y no otra ciudad, hay que retroceder un poco más. En 1962, Val-Surf abrió en Hollywood vendiendo tablas propias, y ese mismo año Patterson Forbes comenzó a fabricar los primeros monopatines industriales: básicamente tablas de surf con ruedas de patín de metal. Eran torpes, inestables y peligrosas, pero la idea prendió. En 1963 se celebró en Hermosa Beach la primera competición oficial de skateboarding de la historia, organizada por Larry Stevenson, el fundador de Makaha. Stevenson también inventó el kicktail, la cola elevada de la tabla, el componente que hace posible prácticamente cualquier truco moderno. Sin ese detalle técnico, Adams y Alva no habrían podido hacer lo que hicieron en esas piscinas una década después.
La cultura callejera tiene eso: cada ícono que ves hoy tiene debajo diez inventos anónimos que nadie documenta pero que lo hacen posible.
Del asfalto al guardarropa: cómo el skate vistió al mundo
En 1975, los Z-Boys llegaron a los Del Mar Nationals con camisas Zephyr azules y zapatillas Vans azules, y chocaron de frente con el freestyle establecido: ropa blanca, gestos pulidos, competencia prolija. Ellos surfeaban la rampa, se tiraban al suelo, se levantaban. El jurado no sabía cómo puntuarlos. El público no podía dejar de mirarlos.
Esa tensión, la del estilo de la calle contra el reglamento de la competencia, fue también el motor cultural del streetwear. Hiroshi Fujiwara, el productor y diseñador que importó la cultura de calle americana al Japón de los 80 y hoy se lo considera el padrino del streetwear de Ura-Harajuku, lo dijo sin rodeos en una entrevista con Hypebeast: 'Lo primero que me llamó la atención en el streetwear fue la marca de skate Vision. La moda callejera que imagino viene del skateboarding.' Vision Street Wear fue, de hecho, la primera empresa en fabricar ropa diseñada específicamente para skaters, antes que cualquier otra marca de streetwear. No al revés.
El skate no copió la moda. La moda tardó veinte años en entender que el skate ya la había inventado.
Stüssy, FUCT y el ADN de una ciudad
Los Ángeles produce marcas de una manera particular: nacen de una persona con un oficio manual, escalan desde el barrio hacia el mundo y nunca terminan de desconectarse del asfalto que las vio nacer.
Shawn Stussy era shaper de tablas de surf en Laguna Beach a principios de los 80. Firmaba sus tablas con un marcador de punta gruesa, una firma personal que funcionaba como sello de artesano. Después trasladó esa misma firma a remeras y gorras que vendía desde el maletero de su auto. En 1984 se asoció con Frank Sinatra Jr., registraron la marca el 27 de marzo de 1986, y lo que había empezado como mercancía de surf terminó facturando 35 millones de dólares en 1995. Hoy Stüssy opera 25 tiendas propias con flagships en Nueva York, Tokio, Milán y Londres. La firma que Shawn garabateaba en las tablas sigue siendo exactamente la misma.
En 1990, el artista Erik Brunetti y el skater profesional Natas Kaupas fundaron FUCT en Los Ángeles. El nombre era un acrónimo de 'Friends U Can't Trust', y la actitud de la marca era tan frontal como el nombre. Durante casi tres décadas, el gobierno federal de Estados Unidos les negó el registro de trademark por considerarlo obsceno. En junio de 2019, la Corte Suprema falló 6 a 3 a favor de FUCT en el caso Iancu v. Brunetti, anuló la prohibición federal de registrar marcas 'inmorales o escandalosas' y sentó un precedente de Primera Enmienda para toda la industria. Una marca de skate de Venice Beach cambió la ley de marcas de Estados Unidos.
Ese es el peso específico de esta ciudad cuando se lo toma en serio.
Lo que Venice le enseña al mundo hoy
En 2003, Bobby Kim y Ben Shenassafar, dos ex compañeros de facultad de derecho, fundaron The Hundreds en Los Ángeles. En 2011 la revista Complex la clasificó como la quinta mejor marca de streetwear del mundo. En 2016, Kurt Narmore, que venía de trabajar en Stüssy y American Apparel, lanzó Noon Goons. El nombre viene de una frase que usaba la madre de Narmore para describir a los surfers novatos que llegaban a la playa al mediodía, cuando los pros ya se habían ido. Highsnobiety señaló a Noon Goons como una de las pocas marcas capaces de unificar punk, hip-hop, surf y skate bajo una sola visión en la LA contemporánea.
Hay un hilo que conecta todo: la sequía de 1975, la firma en la tabla, el nombre de la madre, el fallo de la Corte Suprema. En Los Ángeles, la cultura urbana no se declara: se practica en el espacio público, en el cuerpo, en los materiales. Y cuando alguien del barrio encuentra una piscina vacía, no llama a un plomero.
La salta y empieza a patinar.
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