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El mundo es un barrio  ·  Nº 01 · Sep 2026
Brands · La historia detrás de

Mitchell & Ness de fabricar uniformes a ícono de la NBA

Cómo una tienda de deportes en Filadelfia que casi cierra para siempre terminó vistiendo a Jay-Z, OutKast y la cultura que convirtió el throwback jersey en sinónimo de identidad.

Redacción FT Hood1 sep 2026 · 14:564 min de lectura

Hubo un momento, allá por los años 80, en que Mitchell & Ness estaba al borde de desaparecer. Una empresa de más de setenta años de historia, con sede en Filadelfia, que había vestido a atletas profesionales durante décadas, rozó la quiebra. Nadie apostaba por ella. Hoy es una marca global, con jerseys que cuelgan en colecciones privadas y en los videos de algunos de los artistas más influyentes del planeta. Eso no pasa por accidente.

Filadelfia, 1904: el origen de todo

Mitchell & Ness nació en Filadelfia en 1904, fundada por Frank P. Mitchell y Charles Ness. Arrancó como una tienda de artículos deportivos —los típicos negocios de barrio que vendían de todo, desde raquetas hasta guantes de béisbol— pero con el tiempo se fue especializando en la fabricación de uniformes para equipos profesionales. Durante décadas fue proveedora oficial de varias ligas, construyendo un know-how técnico que pocos tenían: la capacidad de reproducir uniformes con una fidelidad casi obsesiva.

Eso, que en su momento era simplemente el negocio, se iba a convertir años después en su mayor diferencial.

El golpe que casi los mata

Cuando las grandes ligas empezaron a buscar nuevos proveedores y el mercado de artículos deportivos se transformó, Mitchell & Ness quedó fuera de juego. Para los 80, la empresa estaba prácticamente en quiebra. El negocio tradicional ya no alcanzaba y no había un plan B claro.

Lo que los salvó fue una apuesta que en ese momento sonaba rara: fabricar réplicas exactas de uniformes históricos. No copias baratas, no versiones aproximadas —réplicas auténticas, con los materiales correctos, los números bordados como correspondía, los colores exactos de cada franquicia. Jerseys de jugadores que ya no estaban en cancha, de equipos que ya no existían, de eras que la gente empezaba a extrañar.

La nostalgia, bien ejecutada, tiene un valor que ningún spreadsheet predice.

El throwback jersey se convierte en lenguaje

A fines de los 90 y principios de los 2000, algo explotó en la cultura popular. El hip-hop estaba en su momento de mayor expansión comercial y los artistas buscaban prendas que dijeran algo, que tuvieran historia, que no fueran simplemente lo que todo el mundo usaba. Los throwback jerseys de Mitchell & Ness encajaron perfecto: eran auténticos, escasos en cierta forma, y cada uno venía cargado de una narrativa. Jay-Z los usó. OutKast los llevó a sus videos. De repente, una remera de un jugador de los años 70 era el flex más sofisticado que podías hacer.

No era nostalgia de coleccionistas. Era identidad. El jersey throwback se convirtió en una forma de decir de dónde venías, a qué equipo le debías lealtad, qué era cool antes de que cool fuera una industria.

La compra y el salto global

En 2004, el empresario Avi Shenfeld adquirió Mitchell & Ness y empezó una nueva etapa de expansión. La marca firmó acuerdos con la NBA, la NFL, la MLB y la NHL para producir merchandise bajo licencia oficial, lo que le dio acceso a todo el archivo histórico de esas ligas. Eso es oro puro: poder reproducir con legitimidad cada uniforme icónico de la historia del deporte profesional norteamericano.

Después, en 2022, Fanatics —una de las empresas de merchandise deportivo más grandes del mundo— adquirió Mitchell & Ness, dándole el músculo logístico y de distribución para operar a escala verdaderamente global. La pequeña tienda de Filadelfia que casi cierra en los 80 hoy es parte de una de las operaciones de sportswear más grandes del planeta.

Por qué importa más allá de la cancha

Lo que hizo Mitchell & Ness no fue simplemente sobrevivir: fue redefinir qué significa vestir deporte. Antes de que el streetwear y la cultura sneaker convirtieran las prendas deportivas en moda, Mitchell & Ness ya estaba trabajando esa intersección. El throwback jersey que hoy es pieza de museo, que aparece en editoriales de moda, que se vende como arte —eso tiene una dirección: Filadelfia, 1904.

Hay algo en esa historia que resuena más allá del deporte. La idea de que lo que ya pasó puede tener más valor que lo que acaba de salir, que la autenticidad no se fabrica de la noche a la mañana, que un barrio —en este caso, Philly— puede darle al mundo algo que dure más de cien años.

Mitchell & Ness en FT Hood

Cuando Mitchell & Ness llegó a FT Hood, lo hizo con gorros que llevan el mismo ADN de la marca: atención al detalle, referencias que saben de dónde vienen, y la sensación de que no estás usando cualquier cosa. Para los que conocen la historia, es otra forma de llevarla puesta.

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